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Pāṭa patha, el camino del yute (1)

Para que podamos disfrutar de nuestras cómodas y auténticas alpargatas artesanales hacen falta unos materiales que no aparecen de la nada, que tienen un largo recorrido que nos gustaría homenajear aquí, en esta serie de artículos sobre los caminos que recorren y las personas que lo hacen posible.

Viajé a Bangladesh en pleno pico de la época de los monzones con un motivo muy claro: conocer de primera mano la cosecha del Yute, la fibra que sustituyó al cáñamo en la fabricación de las suelas de las alpargatas.

La Manual Alpargatera
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Dibujo de la planta de yute (Corchorus capsularis)

Esta planta crece en terrenos inundados con una cantidad tal de agua que los hace inviables para la gran mayoría de cultivos, lo que convierte su cultivo en una alternativa de aprovechamiento de los campos hasta que vuelven a estar nuevamente en condiciones para plantar arroz.

 

En cuanto entramos en la zona, desde la carretera se veían por todas partes lo que parecían unas “cortinas” de fibras de yute colgadas intentando secarse bajo las lluvias de los monzones, alternadas con unos haces de finos troncos como formando pequeños “tipis”: los corazones de las plantas de yute a los que se les han arrancado las fibras y aguardan a sus otros usos, ya que del yute se aprovecha todo. (Vemos en la Wikipedia que se muestran estos haces como “fibras de yute durante el proceso”, pero justamente se trata de la parte del yute a la que ya le quitaron las fibras)

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Secando las fibras de yute

Decidimos hacer la primera parada en un momento en que cesó de llover y en un lugar donde se estaba haciendo el lavado de las fibras en el río. Un trabajo duro y espectacular por la plasticidad de la escena y los hipnóticos movimientos que se realizan. Desde el otro lado de la carretera pude grabar y fotografiar el proceso de lavado de los ovillos de la preciada fibra en las aguas del río.

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Lavando las fibras de yute en el río
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Las fibras están listas para secar

Una vez el campesino terminó el lavado del yute y lo escurrió, lo cargó sobre su cabeza para llevar los ovillos a tender, como tantos que habíamos visto a los lados de la carretera.

Aprovechando que seguía sin llover, decidí adentrarme en los campos aledaños cruzando el puente que había unos 30 metros más arriba. Tengo que decir que para muchos conciudadanos del mundo occidental quizá sería una exageración atribuir el nombre de “puente” a aquella construcción rudimentaria y minimalista de bambú.

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Al llegar a los campos inundados del otro lado del río, me invitaron a subir en una de las típicas barcas de la región, muy plana, ya que a veces tienen que pasar por zonas con muy poca agua.

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Gracias a eso pude llegar con mi equipo fotográfico intacto hasta el campo donde un campesino estaba cosechando el yute que crecía frente a su casa y fotografiarlo a la misma altura que si estuviera de pie con el agua cubriéndome por encima de las rodillas.

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Cuando le pedí si podía hacerle fotografías mientras cosechaba, afirmó con la cabeza pero se la cubrió para posar con el turbante puesto.

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El yute se cosecha cuando el nivel del agua está a punto de ser casi lo bastante bajo como para empezar a plantar otra vez el preciado arroz u otros cultivos.
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Las varas de yute recién cortado se juntan en haces antes de ponerse a “podrir” para eliminar la clorofila y otros componentes menos resistentes que la fibra.
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Compartiendo su “trofeo” con los niños que querían “chupar cámara”
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Yute recién cortado en espera de que el agua haga su trabajo.
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Después de un par de semanas en agua, el yute está a punto para pelar.
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Al volver a tierra firme, el barquero me dejó en un lugar donde estaban retirando las cortezas de yute, que es donde se encuentra la valiosa fibra. Todo el proceso se hace en mojado.
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Las “cañas” de yute se pelan y las fibras se agrupan en atados para lavarlas en el río.
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Atados de corteza de yute esperando a su lavado
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La plasticidad de los rítmicos y casi hipnóticos movimientos del lavado del yute hace que el tiempo se pare mientras lo observo…
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Un duro trabajo al que debemos agradecer la comodidad en nuestros pies.
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Los haces sin corteza esperan a su nuevo destino, aquí abandonan nuestra historia

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Las fibras lavadas se secan antes de ser enviadas a su procesado.
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Sacando los haces de yute para su pelado
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Cualquier lugar es bueno para pelar el yute si queda cerca de donde se “pudren” los haces.

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A casa, que hay que comer!

En la siguiente entrega veremos otra zona donde el proceso difiere un poco debido a las circunstancias y seguiremos en el camino del Yute.

PĀṬA PATHA, EL CAMINO DEL YUTE (2)
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